23 de octubre de 2010

Jamás volverán

Y de hecho me alegro. Esos sábados solitarios en los que recuerdo levantarme pronto simplemente para apretar largas secuencias de botones delante de un televisor hasta que me rugiera el estómago, gimiendo por un desayuno, en los que deseaba que mis padres se fueran a dar una vuelta por las tardes para quedarme sólo en casa y con suerte recibir la llamada telefónica de algún amigo para salir al cine o ir a jugar a su casa, al poker o lo que fuera, con otros solitarios como yo. Qué aburrimiento existía entonces. Comía libros en cuestión de días, como 1984 que leí un par de veces en 6 días desde que cayó en mis manos. Los videojuegos eran cuestión de horas. En una semana acababa harto de ellos... Era el maestro de youtube, según fuentes no muy lejanas, pues apenas había vídeo en inglés o español que yo no hubiera visto. Qué sábados más apáticos acompañados de la psicodelia de Led Zeppelin. La escasa acción la aportaba únicamente las peleas sin sentido con mi hermano pequeño.

Qué diferente a hoy en día, en el que la palabra sábado, tiene otro significado totalmente distinto. Es un día de redención, de tregua, en el que todo horario deja de existir, es burritos para comer, cafés con leche compartidos, cine, bancos en la sombra del pilar, manos frías versus manos calientes, es The Beatles con su música todo rincón, el día en el que todos mis sentidos son invadidos durante horas por una presencia que en cuestión de un año se ha convertido en la droga de la que seré imposible desprenderme.
¿Y qué es lo mejor de todo? Hoy, es sábado (:

2 mentes se han parado:

Natalia dijo...

Que se queden los antiguos sábados en un rincón, yo no los echo de menos. Construir estos días de tregua contigo es lo mejor. ¡Y aun nos quedan muchos sábados de no-rutina por delante! Gracias por haberlos hecho posibles.

¿Sabes?
Lo sabes, ¿verdad?

(:

Guille dijo...

¡Sí! ¡Lo sé, y que es con b!